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El colegio que convierte sus sobras de cocina en alimento: así funciona el primer huerto circular de una red escolar en Las Condes

Estudiantes de gastronomía cultivan con compost hecho de sus propios residuos, adelantándose a la gran meta ambiental de Chile para 2040.

Redacción Comunicados Ya|Medio Ambiente|

Chile recicla apenas el 1% de sus residuos orgánicos. La meta fijada por política pública es llegar al 66% en 2040, un salto enorme que parece lejano cuando se mira en cifras nacionales, pero que ya tiene un ejemplo concreto funcionando en una sala de clases de Las Condes.

El Colegio Técnico Profesional Achiga-Comeduc inauguró Huerto Sabores, descrito como el primer huerto de economía circular dentro de la red de colegios Comeduc. Lo llamativo no es solo que exista un huerto en un establecimiento escolar, sino cómo se sostiene: el compost que nutre sus plantas proviene directamente de los desechos orgánicos generados en los propios talleres de gastronomía del colegio.

El circuito es sencillo pero poderoso en su lógica:

  • Los estudiantes separan residuos orgánicos durante sus clases de cocina.
  • El servicio municipal de Las Condes los retira y procesa.
  • El compost resultante regresa al colegio, donde la organización Chicureo Sustentable lo enriquece y adapta para cada tipo de cultivo del huerto.
  • Las plantas cosechadas vuelven a las cocinas como insumo real para nuevas preparaciones.

Este ciclo cierra el círculo que le da nombre al proyecto: la basura deja de ser basura y se convierte en recurso. De la cocina a la tierra, y de la tierra a la cocina, como lo resumió Ricardo Scaff, director de Medio Ambiente y Aseo de la Municipalidad de Las Condes, durante la inauguración del espacio.

Para los alumnos de las especialidades de Gastronomía y Hotelería, el huerto tiene un valor pedagógico directo. La chef y docente Belén Fuentes Toro subrayó que no se trata de un elemento decorativo: las plantas —que incluyen curry, distintas variedades de menta y otras hierbas, cada una identificada con su nombre común y científico— serán utilizadas en la creación de platos reales dentro del programa formativo.

En un país donde la gestión de residuos orgánicos sigue siendo uno de los grandes desafíos ambientales pendientes, iniciativas como esta muestran que la economía circular puede comenzar en espacios cotidianos. Si los futuros cocineros aprenden desde temprano que los desperdicios de su oficio pueden transformarse en ingredientes, el impacto podría extenderse mucho más allá de las aulas.

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